miércoles, 3 de enero de 2018

Dos poemas de "Perplejidades y certezas"




LOS HUERTOS


I


Nombra, demiurgo, el paisaje y dótalo de un grado de existencia humana. Arráncale la primera palabra a la naturaleza, que la oscuridad está llena de invocaciones. Hay caminos ilímites que se bifurcan y se extienden en las sonoridades de la creación. Muéstranos el laberinto donde los árboles frutales ascienden para cercar y retener la noche. Vamos, nombra ya lo que nuestros ojos ansían.

II


Escuchamos los murmullos de alguna voz soterrada en el oscuro caserón. Evocamos entonces presencias en las ruinas donde las hierbas venenosas conviven con el árbol sagrado.
           
Ya no hay nadie, pero a veces todavía percibimos el rumor vivo de la savia del sueño. Las lámparas del silencio convocan todo lo frágil y los ojos acechadores ven en lo oscuro la inagotable sorpresa de sus anhelos.

III


Detrás de los cipreses las luciérnagas exhiben una dulzura esmeralda que lleva toda la impronta de la caducidad. Las hebras de luz danzan hurañas y apetecibles en los recovecos del laberinto, donde las esfinges vigilan el sueño. Hay en nuestra memoria un grito de angustia por todas estas insignificancias que habrán de desvanecerse como un misterio de imposible solución.



LA MURALLA


En los huertos de la ciudadela sueñas con balcones suspendidos más allá de tu límite. Disfrutas la bonanza de un tiempo pleno de nostalgia y cercanía. Tus recuerdos son tus semillas. Buscas el umbral que la esperanza te promete. Tras estas murallas cubiertas de jazmines, la lavanda esparce su iris violeta y los frutos de árboles que no conoces caen en las cunetas de los campos que esconden sus extensiones. La esperanza es una engañosa amanecida de pájaros libres sobre los pastizales ocultos. Evitas la audacia de una huida imposible: la fuga en el fango es un regreso precipitado. No se sale nunca, se vuelve eternamente. Desde aquí hablas a lo que florece, pero te escucha lo que se marchita con sus gritos de alborada. No hay salida, no se sale nunca; en la habitación de los desvelos ninguna aurora está exenta de cadáveres. El mundo se encuentra en estos muros espesos donde la noche arbitra. Y tú, pendiente sólo de una impaciencia: la de progresar en los escollos contando los pájaros que vuelven con la alegría inquieta de un futuro de ríos y alamedas.




*Dos poemas de Perplejidades y certezas, Ed. Ars poética, 2017. 
Colección Carpe Diem coordinada por Ilia Galán.
Se puede pedir en librerías o conseguirlo a través de www.arspoetica.es




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