jueves, 20 de octubre de 2016

EL DON DE LA ARMONÍA de ÁNGELES CAMPELLO


EL DON DE LA ARMONÍA

El pasado 8 de abril asistí a un hermoso recital de Ángeles Campello en el Museo de Arte Contemporáneo de Elche. Una lectura emotiva acompañada por una música monocorde muy oriental e imágenes relacionadas con la proporción áurea: galaxias en espiral, caracoles, flores, círculos de las cosechas, etcétera. No en vano el recital se presentó con un sugerente título: La proporción en armonía.

Al término del acto Ángeles tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar de su libro Malasia en el corazón (editorial Frutos del tiempo 2010) al que vuelvo ahora con delectación.

Quisiera empezar con una observación que quizá pueda parecer baladí para quienes creen que no hay -o no debe haber- una correlación entre el poeta y su obra poética, pues estos consideran que lo que escribe el sujeto poético es solo una mixtificación. Pues bien, la escritura poética de Ángeles Campello es de una asombrosa autenticidad y refleja el carácter de la autora. En el caso de Ángeles, vida y creación poética están fusionadas en una honesta y coherente manifestación de saber estar en el mundo.

He ido leyendo y releyendo  Malasia en el corazón y sus versos me han hecho más habitable la realidad. No en balde la autora concibió este libro durante un viaje que realizó a Malasia en 2005 para realizar un curso especial de Chi Kung, una serie de técnicas terapéuticas que proceden del budismo y del taoísmo, a través de las cuales también se alcanzan grados de espiritualidad comparables con el neuma griego o el prana hinduista. Básicamente es el arte de hacer circular la energía vital de la forma más adecuada, es decir, de alcanzar esa armonía que tiene diversos nombres según cada cultura, pero que es solo una y que en Occidente podemos encontrarla en  Hildegard von Bingen, en el maestro Ekhard, en Paracelso, en los grandes místicos, en Emerson, Thoreau, María Zambrano, y ya en la actualidad, en poetas como Antonio Colinas o Clara Janés, por poner un par de ejemplos significativos.

En los títulos de las partes en que se divide Malasia en el corazón, están patentes la reflexión espiritual y la capacidad sensorial de la autora: Meditaciones, Naturaleza sensitiva, Alma fraternal. Yin, nanas, viaje interior, miradas y versos de amor. En realidad podríamos hablar de un solo poema fragmentado, compuesto especialmente por  haikus y otros poemas algo más extensos con una medición libre.

Una de las particularidades de este libro es su desfase con la poesía feroz, desquiciada y descreída -en muchas ocasiones con un exceso de pose- que predomina en el panorama poético actual, donde conceptos como armonía, belleza, amor, son vistos con reservas cuando no con absoluta aversión. Ángeles Campello, fiel a sí misma, escribe un  libro que es a la vez poético, filosófico y terapéutico, y que, como la autora misma, irradia confianza, optimismo y también una serena bondad, unas veces explícita, otras secreta; el stimmung o temple, estado de ánimo afectivo mediante el cual quien lo vive se abre al mundo y permite que el mundo se le revele. Como escribió el filósofo alemán Heidegger,“stimmnung es un mundo existencial fundamental”.

Los poemas que comentamos surgen de una sensibilidad especial: la de quien habiendo mirado el abismo, sabe cómo abrazar la plenitud. Porque la autora, como buena conocedora de las enseñanzas budistas y taoístas, no es un alma cándida y sabe que la el mal y la oscuridad no son erradicables, pero sí pueden ser neutralizados cuando se les somete a la iluminación:

La luz debe venir de dentro
no podéis pedir que la luz se vaya,
tenéis que encender la luz.

Eso leemos en una cita del maestro y escritor budista  Sogyal Rinpoche, y dice la autora como ejemplo de la armonía integradora de los contrarios:

La oscuridad  y el silencio
temidos y esquivados
antaño, son buscados
deliberadamente ahora,
por una necesidad imperiosa
de vacío.
Se convierten en luz y
estruendo sonoro
en la calmada quietud
de la meditación,
siendo preludio y
antesala del despertar 

La brevedad, la concentración y una depuración exquisita predominan en la poesía de Ángeles Campello. Apenas hay discurso, solo sentencias, fulgores reflexivos, versos aforísticos y hallazgos de intenso lirismo donde, como decíamos, también hay lugar para la pasión y los sentidos, porque en contra de lo que el lector pudiera pensar de una poesía de corte espiritual, no estamos ante un presupuesto ascético y árido en su austeridad; los poemas son respirables y dotados de energía:

Dónde podré guarecerme
de este inesperado
tsunami de pasión
que ha roto el dique
protector de mi corazón
devastando toda paz
y equilibrios alcanzados

La base de la poética de Ángeles Campello es clara y muy directa, y la naturaleza está muy presente y en permanente flujo en su pensamiento. Hay en estos poemas aforísticos condensación, claridad y sonido. Hay también un exceso de detalles nimios y cotidianos, sin apenas conectores, que resultan eficaces por su precisión y sutil contundencia, si vale el oxímoron para explicar la fuerza expresiva, la energía fluyente con que la autora revaloriza las imágenes previsibles y las expresiones demasiado explícitas. La voluntad de condensar de la autora, tan propensa al esencialismo, además de asumir el magisterio de autores budistas y taoístas, está próxima a poetas emocionales como Eloy Sánchez Rosillo, José Corredor Matheos o Vicente Gallego, grandes cultivadores del poema breve, pero se aleja de la generación de modernistas norteamericanos como Louis Zukofsky, Gerorge Oppen o Lorine Noedecker, que también cultivan el esencialismo pero desde una postura antirromántica.

Otra particularidad de la poesía de Ángeles Campello, al menos en el libro que comentamos, es la convivencia de un tono monocorde, meditativo, muy oriental, con una musicalidad ritmada y enérgica más propia de Occidente. Pero Malasia en el corazón no es un  libro New Age, al uso, pues el talento de la autora lo sitúa por encima de modas remotas y filosofías exóticas. Hay una armónica fusión entre las reflexiones y las imágenes de este libro que rechaza el ser perverso sin negar la negatividad, porque ello significaría situarse despaldas al mundo real. Se trata de es un verdadero ejemplo de ingeniería armónica, de bienestar trabajado, de equilibrio entre el método programático de los maestros orientales y las expansiones sentimentales e intuitivas de la autora. También nos enseña Ángeles en este delicioso libro que la belleza lírica y los caprichos de la razón poética, no son incompatibles con el servicio al prójimo, y que la poesía alcanza grandes beneficios morales cuando quien la escribe es consecuente consigo mismo y sus sentimientos elevados derivan de la serenidad, de la seguridad, del amor fraternal y de la capacidad de dar a su ser una expansión universal para mejor sentir/la unicidad /de la naturaleza.



José Luis Zerón Huguet




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