viernes, 23 de octubre de 2015

SOBRE POESÍA Y POETAS XIII

Entradas del diario a Salto de mata


(junio-julio 2015)



1778

Cuando se habla o escribe sobre literatura española actual siempre sale a relucir esta sentencia: “falta sentido del humor y sobra solemnidad” ¿Es acaso cierta esta afirmación? ¿No incurren quienes la pronuncian o escriben en el tópico falaz? Porque a mí me parece que en la literatura actual hay una patente fobia por la seriedad. Lo que sobra, me parece a mí, son literatos acomodados en la ironía más o menos graciosa, más o menos ingeniosa, cuya estética consiste en la falta de riesgo estético.



1796

Me entero esta mañana de la muerte de Jesús Lizano, acaecida el pasado mes de mayo, a los 84 años de edad. Aquel poeta que creó el misticismo libertario y que en un poema mandó a los caballitos a todos los que conforman el mandarinato mundial, aquel señor barbudo y excéntrico que creaba hapenings delirantes y se hizo llamar Lizanote de la acracia y Lizanote de la Mancha, último maldito al que nunca se le reconoció este mérito, pues lo ostentaba L.M. Panero, aquel poeta que nunca tuvo los pies en la tierra para poder volar, me recordaba a Carlos Edmundo de Ory, pero con un cuerpo más imponente y una técnica poética menos depurada. Al amigo Lizanote le rinden ahora homenaje aquellos que nunca leyeron sus versos rotundos (a veces broncos y no exentos de una picardía infantil), ni sus cartas al poder, ni sus artículos radicales sobre poesía. Ahora que ha muerto se pone en marcha la máquina de la reivindicación, pero a buenas horas le llega el espaldarazo a este verdadero heterodoxo que clamaba contra la vanidad de los poetas y denunciaba la agusanada moral de sus colegas. Pero él, que tuvo su chachito de reconocimiento hace ya muchos años, cuando ganó el Premio Boscán y publicó en editoriales conocidas como Libertarias o Lumen y fue entrevistado en un programa televisivo de Sánchez Dragó, hubo de publicarse él mismo la mayoría de su obra. Lizano quería más, obviamente él también tenía su ego y sus ambiciones (lo cortés no quita lo valiente) y se rebelaba a su manera contra el ninguneo que sufría por parte de la crítica.


           
Reconozco que intenté leer su obra poética y solo alcancé a degustar algunos poemas. En cuanto a sus cartas y textos teóricos se me atragantaron en su mayoría. Nunca logré conectar a fondo con su mundo peculiar, pese a todo reconozco que son necesarios poetas valientes e insobornables como Jesús Lizano, sobre todo ahora que el malditismo ya no vende, o al menos el malditismo clásico. A lo sumo logran hacerse notar y alcanzan notoriedad los poetas que se inventan una imagen prefabricada de heterodoxos que no renuncian a las bondades de la integración. Rebeldes que solo tratan de captar adeptos. En todo caso lo que interesa del malditismo es su estereotipo. Al público lector y a la crítica les pone la banalización de los poetas y escritores rebeldes, viejos malditos o muertos prematuramente. La heterodoxia convertida en merchandissing, lo revolucionario constreñido ridículamente en chapas, camisetas y souvenires caseros. Toda esa ridiculez culta y posmoderna que ha sustituido a las clásicas estampitas, medallas, escapularios y otros objetos relacionados con vírgenes, cristos, santos y beatos.



1 comentario:

  1. Tu entrada 1778 es tan corta como atinada. Eso que te parece a tí está calificado de una forma completamente certera: fobia por la seriedad, acomodación en el ingenio aparente y falta de riesgo estético.

    El diagnóstico está hecho. ¿Existe la curación?

    Gracias y saludos.

    ResponderEliminar