jueves, 10 de septiembre de 2015

SOBRE POESÍA Y POETAS XII


Entradas del diario  A salto de mata


(Junio-Julio de 2015)



1766

En algunas entrevistas aparecidas los medios de comunicación es frecuente encontrar esta pregunta “¿Ha abandonado últimamente algún libro por imposible?” Si me la hicieran a mí respondería afirmativamente y el libro sería Reflexiones del señor Z (Anagrama, 2015) de Magnus Enzensberger. Aunque no me cautiva la poesía de este anciano alemán, sí reconozco sus dotes como ensayista y reconozco en él a un intelectual lúcido, irónico y librepensador. Por eso pedí prestado este libro en la Biblioteca Fernando de Loazes de Orihuela. Pero me ha defraudado por completo hasta el punto que decidí abandonar la lectura cuando llegué a la página 50. No pude continuar a pesar de que el libro es breve y la prosa fluida, casi aforística. Y ya no sé si es que el autor no ha acertado o yo no he entendido el libro. El señor Z es un hombre extravagante, curioso, pretendidamente sabio, sí, pero para mí no tiene atractivo alguno, me resulta un hombrecillo superficial y en ocasiones bobaliconamente pueblerino. El extraño señor z habla con sus contertulios (generalmente jóvenes) de todo, trata de abarcarlo todo, desde la economía y la política hasta la cultura y el arte, pasando por las nuevas tecnologías, pero sus observaciones están llenas de trivialidades, lugares comunes y expresiones de Perogrullo. Quizá la fina ironía que caracteriza a Ensnsberger, en boca del hombrecillo del bombín, sea brillante pero a mí no me ha deslumbrado. El señor z me recuerda a Mr. Chance, pero más prepotente, criticón y lenguaraz.


1774

Odiseas Elytis:
La poesía es el arte de aproximarnos a lo que nos sobrepasa.


1775

“Escribir” es uno de los poemas más intensos y turbadores que ha escrito Chantal Maillard; pertenece al libro Matar a Platón y se cierra con tres versos de una rotunda belleza:

Escribo
para que el agua envenenada
pueda beberse.

Estos versos encabezan la página web de la poeta. Tres hermosos versos que también son presuntuosamente ingenuos, al conferirle la autora a la poesía un poder taumatúrgico que si alguna vez lo tuvo, hoy, desde luego, lo ha perdido. Pero estas arrogancias son disculpables, diría que hasta deseables, sobre todo cuando se trata de buena poesía, como la de Chantal Maillard.




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