miércoles, 1 de julio de 2015

CARTA ABIERTA AL POETA MIGUEL VEYRAT



Querido Miguel:

Después de leer con mucho placer tu libro Pasaje de la noche* he dudado varios días sobre la conveniencia de escribirte por temor a decir algo inconveniente, ya que la lectura de tu poemario, esta primera lectura, ha sido apresurada, pues me he dejado llevar por la pasión y la admiración, es decir, apenas la he racionalizado, siguiendo un poco la línea de Juan Ramón Jiménez quien decía -cito de memoria- “desconfiad de una poesía que para gustar tiene que ser analizada”. Juan Ramón también escribió que en la gran poesía –como es el caso de tu poemario- la oscuridad se aclara por encanto, no por reflexión. Mi lectura ha sido, pues, instintiva.

En primer lugar quiero darte las gracias por ser un poeta intempestivo de los que no abundan. Uno de esos escasos y necesarios poetas que creen en la poesía de manera absoluta en estos tiempos en que los poetas se han convertido en versificadores que reniegan del lenguaje poético y lo reducen al chiste fácil, al ingenioso alarde irónico, con alguna disonancia pretendidamente feroz, o a un estéril confesionalismo. Te doy las gracias por apostar por una poesía intensa, profunda, compleja, hermética en apariencia, pero polisémica y polifacética, rica en imágenes bellas y turbadoras y en metáforas prodigiosas; una poesía que recoge ausencias e incertidumbres, así como mucho dolor y frustración por el implacable paso del tiempo y sus estragos, pero que no renuncia, sin embargo,  a la pasión amorosa, a la emoción, al extrañamiento, y fusiona la exaltación espiritual y la celebración de la materia. En tu poesía está presente el miedo, el desamparo y la soledad transmitidos a través de un lenguaje pleno de fervor, que a veces deviene apocalíptico.  Te doy las gracias por adoptar una actitud contemplativa que no renuncia a la acción ni al riesgo. Tienes el coraje de indagar, de internarte donde otros no se atreven a llegar, en una búsqueda más allá de la realidad y de lo visible, encarada desde la renovación del mito, la actualización del lenguaje bíblico y de los presocráticos y una lograda asimilación de la tradición moderna: desde los grandes poetas románticos (Hörderlin, Novalis, Coleridge Blake), pasando por los pioneros de la modernidad, Baudelaire y Rimbaud, hasta los grandes del siglo XX, Eliot, Rilke. Trakl, Octavio Paz, Juan Ramón, Jiménez, Valente, Celan, Pizarnik y filósofos como María Zambrano o Deleuze.

Te agradezco igualmente que apuestes incondicionalmente por la poesía sin tratar de hacerte una carrera de poeta. Me parece  admirable tu decisión de no presentarte a los premios de  poesía, pues ni falta que te hace.

Tu poesía es visionaria, dionisiaca y a la vez reflexiva. Conviven en tu libro la experimentación, la negación libertaria de los códigos habituales (a través de una sintaxis violentada, encabalgamientos inverosímiles y versos quebrados), la habilidad constructora y la reflexión sobre el propio hecho creador: “¿Para qué crear. Esa locura/ abocada al fracaso/sin fin de abrazar/ lo inasible o fingida apuesta/ que confunde/ la fuentes de luz/ con aquello que iluminan.” Hay en Pasaje de la noche muchos hallazgos poéticos que surgen del combate  con el tiempo y la necesidad de sobrevivir a la muerte diaria en el desamparo de una noche desprovista de dioses unas veces, gobernada por ellos otras: dioses caprichosos y mezquinos que juegan con el destino del hombre, “porque los dioses son muy cobardes/y nos envidian el vértigo del miedo, del azar,/ y en la vida-evasión temporal/ de la muerte, nos persiguen como crepúsculo obsesivo.”.

Tu libro resulta muy unitario y las partes en que está dividido pueden leerse como un todo. También me parece destacable el sentido del ritmo, la música de la palabra. En tu poesía, abierta a significaciones insospechadas, existe tanto un silencio como un decir, una ocultación que espera manifestarse y un fecundo intento de expresar lo inefable (“la palabra como bruma sin pronunciar”)  a través de oxímoros, paradojas, metáforas  e imágenes potentes y perturbadoras. Cuando no hay Dios ni certidumbres –o demasiados dioses hostiles- y espacio- tiempo, vida-muerte, conspiran contra la conciencia del ser y, por tanto, todo es intemperie y amenaza de abismo, “la palabra es la morada del ser” (Heidegger dixit) y la esencia rebelde del lenguaje acontece con todo su poder. Ese poder es para mí la imaginación poética, manifestación abarcadora de lo que está oculto y la capacidad para crear mundos. El logos: lenguaje a la luz de la esencia.

Me ha gustado el prólogo de Jacobo Muñoz, especialmente los dos párrafos finales, y también las “Notas prescindibles” ( no tan prescindibles) que son en sí mismas un ejemplo de sabiduría. También juegan un papel importante las citas de cada sección del poemario, muy calculadas, ya que sirven de guía o referencia para la lectura y ninguna es caprichosa.

En cuanto a los poemas, me resulta difícil destacar unos sobre otros. Es cierto que la tuya es una obra muy compacta, y todos los poemas (me atrevería a decir fragmentos) están perfectamente engarzados como eslabones de una cadena. En todos encuentro alguna imagen, alguna metáfora, algún verso redondo que me emociona o conmociona y en todos destaca el ritmo, unas veces percutivo, recurrente, incisivo, obsesivo; otras suave, melodioso casi susurrante. Creo que tu libro hay que valorarlo en conjunto, pues es una obra sólida y de una coherencia admirable.

Como te decía son estas mis impresiones después de una primera lectura más intuitiva que analítica. Por supuesto volveré a leerlo para atrapar aquellos matices que hayan podido escapárseme. Te puedo asegurar que tu poemario fortalece mi fe en la poesía, que desde hace meses había entrado en un bache.
Un fuerte abrazo.

José Luis Zerón


*Pasaje de la noche, editorial Barataria, 2014


1 comentario:

  1. Querido José Luis Zerón, por segunda vez conparto, y lo haré año tras año mientras los lectores nos guarden su estima, tu Honda reflexión sobre mi poesía. De poeta a poeta dice bien poco para los usos en este cainita oficio. Fracias de nuevo por tu enorme generosidad.

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