jueves, 23 de julio de 2015

SOBRE POESÍA Y POETAS XI


Entradas del diario a Salto de mata

(julio – agosto 2014)



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Ángel Luis Prieto de Paula reseña en Babelia la biografía de José Manuel Caballero Bonald escrita por Julio Neira y la antología de textos en verso y prosa del autor jerezano, editada por Cátedra. Ángel Luis es uno de los críticos españoles que más sabe de poesía. Lo conozco personalmente y sé que además es un hombre honrado y juicioso, pero esta vez incurre en el lugar común, en la idea fija, al subrayar la supuesta heterodoxia del escritor gaditano. Y  es que los conceptos de ortodoxia y heterodoxia están cada vez más difusos. A estas alturas uno no cree en la rebeldía de un autor mediático y multipremiado como Caballero Bonald, que dice rechazar la notoriedad pero no para de conceder entrevistas y presume de ser un disidente aunque no pierde la menor oportunidad de pontificar desde su poltrona con su imagen de hombre escéptico y refunfuñón aunque venerable.

              Caballero Bonald es uno de esos autores que pasan por señores senequistas, exiliados voluntariamente y que, sin embargo, están cerca del ruido y la bulla de la época y siempre desde lo más alto.

José Luis Zerón


miércoles, 8 de julio de 2015

LA POÉTICA ÁUREA DE PEPE ALEDO


LA POÉTICA ÁUREA DE PEPE ALEDO




Durante el pasado mes de mayo el pintor oriolano José Aledo Sarabia expuso en la sala de exposiciones de la Fundación Caja Mediterráneo Ante el umbral o la poética áurea, una colección que consta de 110 cuadros en técnica mixta (acuarela, agua de tinta sepia, acrílicos…) en los que encontramos resumida y renovada la iconografía del artista, desde su primera exposición en 1976 hasta la actualidad.  Pasadas unas semanas de la clausura de esta excelente exposición he quiero dejar constancia en este blog de mi admiración por la pintura de Pepe.

Como escribe Sesca en su acertado texto publicado en el cartel anunciador de la exposición, “el autor concentra y descarta lo mejor de su obra. Es por tanto una obra en la que conviven diversas épocas, motivos, lenguajes y hallazgos, reconocibles en su evolución hasta cristalizar en un punto sin retorno de hallazgo y logro poético. En el umbral de otro mundo –otro más- descubierto en la frontera donde oníricas visiones emergentes sustituyen agostados ensayos,”. Sesca también destaca (y esto es muy importante) que Pepe Aledo se mueve de manera solvente tanto en el mundo de la pintura como en el de la literatura, especialmente la poesía. En esta misma muestra hay cuadros dedicados a sus amigos poetas, (Ada Soriano, Antonio Gracia, Antonio Aledo, Ramón bascuñana, Manolo Susarte… y me enorgullece decir que yo también estoy en la lista de agraciados) y en ellos se incluyen extractos de poemas rodeando la imagen en forma de marco, a pie de cuadro o incluso en viñetas. La generosidad de Pepe con la poesía queda patente una vez más en su pintura.

Pepe Aledo podría haber sido un profesional de la pintura y el dibujo, pero ha preferido mantener una dedicación plenamente vocacional .Y es que Pepe, como pintor y dibujante, he sido testigo de ello, trabaja con orden y disciplina, pero con entusiasmo. Crea por placer, disfruta al margen de la industria del arte y de las institucionales. Es por ello que no necesita ejercer de artista adoptando poses falsas. Precisamente Pepe es una de las personas más sinceras que he conocido, y su franqueza es incompatible con imposturas y estrategias manipuladoras.

En la Poética áurea asoman una y otra vez personajes grotescos, excéntricos e irreverentes  que destrozan el canon de belleza, objetos simbólicos (pértigas, cuerdas de funambulista, escaleras, paraguas), adornos y figuras geométricas (espirales, fractales, grutescos, objetos antropomorfos), motivos característicos de la obra alediana. También destaca un peculiar y fascinante uso del color. Nos encontramos ante un mundo en el que conviven hábilmente el dibujo y la pintura. Un mundo lleno de mensajes, de dimensiones ocultas o inquietantes, de líneas de fuerza y de realidades imprevistas que podríamos llamar onírico. Una suerte de mundo mágico en el que se funden lo lúdico y lo melancólico, lo abigarrado y lo sutil, lo inmediato y lo profundamente evocador, el erotismo no exento de perversión y la inocencia. 


En los cuadros de reciente factura se observa una evolución, sobre todo en el tratamiento de los paisajes, con más riqueza de detalles y la incorporación de imágenes cósmicas, así como en la inclusión de una narrativa visionaria, apocalíptica en ocasiones (meteoritos que se ciernen sobre la ciudad, cielos surcados por extrañas e inquietantes formas lenticulares que podrían ser naves espaciales, una familia contemplando el avance de un tsunami, monstruos en la orilla de una playa, personajes anonadados que observan torbellinos de estrellas,  inquietantes bocas aladas sobre paisajes desolados, plantaciones de girasoles en los que  habitan monstruos marinos... ). En casi todos los cuadros hay un componente irónico, inocente o lúdico que no niega el dramatismo. En el mundo del arte, el dramatismo y la ironía raramente se encuentran. Lo normal es que se excluyan mutuamente. En la poética Áurea, en cambio, conviven sin conflictos.


También se observa en esta muestra una evolución en el tratamiento del color (tan fundamental y fascinante en el mundo alediano), con la presencia abundante del negro y el azul de Prusia en los nocturnos y el pan de oro y plata para resaltar los fondos en los cuadros más icónicos.
La obra de Pepe es muy reconocible, tiene un sello personal inconfundible, pero no es monotemática. Hay en ella una compleja multiplicidad. No abandona la realidad pero mira a otro lado, de ahí que muchos de sus personajes siempre estén a un paso de traspasar el umbral del cuadro. En su obra la vida pulula en una feliz convivencia entre lo concreto y lo fantástico.
      
   Por último quiero resaltar otra característica que considero sobresaliente en la lenguaje pictórico de Pepe en general y en esta muestra en particular, y que ya he destacado en otras ocasiones: una sabia asimilación de la historia del arte que realiza el artista sin incurrir en el pastiche. Hallamos  la presencia del arte rupestre y el de algunas culturas primitivas, así como las figuras esquematizadas de las cerámicas griegas y etruscas con las que Pepe  compone el protagonismo de lo mitológico. También están presentes los bestiarios, emblemas y códices miniados de la Edad Media y el manierismo tardogótico, los iconos bizantinos, el simbolismo, el fauvismo (especialmente en la figura de Matisse), el expresionismo y el surrealismo, hasta llegar a autores figurativos contemporáneos como Botero, Bacon y Pérez Villalta. Incluso se aprecia la influencia del mundo del comic.

            Hay en la Poética áurea abundancia de seres y cosas tan reales como inconexos y enigmáticos (véase, por ejemplo el carácter híbrido de figuras-personaje),presencias solitarias o en grupo pero extrañas entre sí, figurantes de un mundo de inminencia y acontecimientos que, a pesar de su carácter lúdico, travieso, circense, transmiten al espectador, estupor, inquietud, desasosiego.
            Creo que de todos mis amigos pintores, Pepe es el que ha conseguido crear un mundo más personal y reconocible. La Poética áurea resulta fascinante y nos da la medida de la potencia y originalidad de este artista, como decía, puramente vocacional.

José Luis Zerón Huguet


miércoles, 1 de julio de 2015

CARTA ABIERTA AL POETA MIGUEL VEYRAT



Querido Miguel:

Después de leer con mucho placer tu libro Pasaje de la noche* he dudado varios días sobre la conveniencia de escribirte por temor a decir algo inconveniente, ya que la lectura de tu poemario, esta primera lectura, ha sido apresurada, pues me he dejado llevar por la pasión y la admiración, es decir, apenas la he racionalizado, siguiendo un poco la línea de Juan Ramón Jiménez quien decía -cito de memoria- “desconfiad de una poesía que para gustar tiene que ser analizada”. Juan Ramón también escribió que en la gran poesía –como es el caso de tu poemario- la oscuridad se aclara por encanto, no por reflexión. Mi lectura ha sido, pues, instintiva.

En primer lugar quiero darte las gracias por ser un poeta intempestivo de los que no abundan. Uno de esos escasos y necesarios poetas que creen en la poesía de manera absoluta en estos tiempos en que los poetas se han convertido en versificadores que reniegan del lenguaje poético y lo reducen al chiste fácil, al ingenioso alarde irónico, con alguna disonancia pretendidamente feroz, o a un estéril confesionalismo. Te doy las gracias por apostar por una poesía intensa, profunda, compleja, hermética en apariencia, pero polisémica y polifacética, rica en imágenes bellas y turbadoras y en metáforas prodigiosas; una poesía que recoge ausencias e incertidumbres, así como mucho dolor y frustración por el implacable paso del tiempo y sus estragos, pero que no renuncia, sin embargo,  a la pasión amorosa, a la emoción, al extrañamiento, y fusiona la exaltación espiritual y la celebración de la materia. En tu poesía está presente el miedo, el desamparo y la soledad transmitidos a través de un lenguaje pleno de fervor, que a veces deviene apocalíptico.  Te doy las gracias por adoptar una actitud contemplativa que no renuncia a la acción ni al riesgo. Tienes el coraje de indagar, de internarte donde otros no se atreven a llegar, en una búsqueda más allá de la realidad y de lo visible, encarada desde la renovación del mito, la actualización del lenguaje bíblico y de los presocráticos y una lograda asimilación de la tradición moderna: desde los grandes poetas románticos (Hörderlin, Novalis, Coleridge Blake), pasando por los pioneros de la modernidad, Baudelaire y Rimbaud, hasta los grandes del siglo XX, Eliot, Rilke. Trakl, Octavio Paz, Juan Ramón, Jiménez, Valente, Celan, Pizarnik y filósofos como María Zambrano o Deleuze.

Te agradezco igualmente que apuestes incondicionalmente por la poesía sin tratar de hacerte una carrera de poeta. Me parece  admirable tu decisión de no presentarte a los premios de  poesía, pues ni falta que te hace.

Tu poesía es visionaria, dionisiaca y a la vez reflexiva. Conviven en tu libro la experimentación, la negación libertaria de los códigos habituales (a través de una sintaxis violentada, encabalgamientos inverosímiles y versos quebrados), la habilidad constructora y la reflexión sobre el propio hecho creador: “¿Para qué crear. Esa locura/ abocada al fracaso/sin fin de abrazar/ lo inasible o fingida apuesta/ que confunde/ la fuentes de luz/ con aquello que iluminan.” Hay en Pasaje de la noche muchos hallazgos poéticos que surgen del combate  con el tiempo y la necesidad de sobrevivir a la muerte diaria en el desamparo de una noche desprovista de dioses unas veces, gobernada por ellos otras: dioses caprichosos y mezquinos que juegan con el destino del hombre, “porque los dioses son muy cobardes/y nos envidian el vértigo del miedo, del azar,/ y en la vida-evasión temporal/ de la muerte, nos persiguen como crepúsculo obsesivo.”.

Tu libro resulta muy unitario y las partes en que está dividido pueden leerse como un todo. También me parece destacable el sentido del ritmo, la música de la palabra. En tu poesía, abierta a significaciones insospechadas, existe tanto un silencio como un decir, una ocultación que espera manifestarse y un fecundo intento de expresar lo inefable (“la palabra como bruma sin pronunciar”)  a través de oxímoros, paradojas, metáforas  e imágenes potentes y perturbadoras. Cuando no hay Dios ni certidumbres –o demasiados dioses hostiles- y espacio- tiempo, vida-muerte, conspiran contra la conciencia del ser y, por tanto, todo es intemperie y amenaza de abismo, “la palabra es la morada del ser” (Heidegger dixit) y la esencia rebelde del lenguaje acontece con todo su poder. Ese poder es para mí la imaginación poética, manifestación abarcadora de lo que está oculto y la capacidad para crear mundos. El logos: lenguaje a la luz de la esencia.

Me ha gustado el prólogo de Jacobo Muñoz, especialmente los dos párrafos finales, y también las “Notas prescindibles” ( no tan prescindibles) que son en sí mismas un ejemplo de sabiduría. También juegan un papel importante las citas de cada sección del poemario, muy calculadas, ya que sirven de guía o referencia para la lectura y ninguna es caprichosa.

En cuanto a los poemas, me resulta difícil destacar unos sobre otros. Es cierto que la tuya es una obra muy compacta, y todos los poemas (me atrevería a decir fragmentos) están perfectamente engarzados como eslabones de una cadena. En todos encuentro alguna imagen, alguna metáfora, algún verso redondo que me emociona o conmociona y en todos destaca el ritmo, unas veces percutivo, recurrente, incisivo, obsesivo; otras suave, melodioso casi susurrante. Creo que tu libro hay que valorarlo en conjunto, pues es una obra sólida y de una coherencia admirable.

Como te decía son estas mis impresiones después de una primera lectura más intuitiva que analítica. Por supuesto volveré a leerlo para atrapar aquellos matices que hayan podido escapárseme. Te puedo asegurar que tu poemario fortalece mi fe en la poesía, que desde hace meses había entrado en un bache.
Un fuerte abrazo.

José Luis Zerón


*Pasaje de la noche, editorial Barataria, 2014