jueves, 19 de febrero de 2015

SOBRE POESÍA Y POETAS IX




Entradas del diario a Salto de mata

(julio – agosto 2014)


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Si ahora mismo me preguntaran si soy ateo respondería que no porque creo que tengo cierto oído para la trascendencia. Concibo una especie de mística natural que me permite profundizar en lo más visible de la realidad para alcanzar zonas ocultas.
            Estaría muy cerca de la agnosis porque no logro alcanzar nunca a ese “Dios” al que nunca podremos llegar y que tal vez nos haya olvidado al dejarnos a nuestro libre albedrío permitiendo la Kenosis, es decir la evolución.
            A veces me acerco al panteísmo cuando entro en esos estados no muy frecuentes de plenitud, de sintonía absoluta con lo que me rodea. Y quizá mi agnosticismo esté muy cercano a la escuela teológica llamada panenteísmo, que no concibe el mundo al margen de Dios ni lo identifica con Dios y defiende la inmanencia/trascendencia de lo divino. Dios está en todo, lo sentimos en todo, pero es solo una percepción subjetiva que no nos dice nada acerca del misterio divino, si lo hubiera. Solo son aproximaciones al sentido de nuestra existencia que van más allá de la praxis científica circunspecta y aburrida.
            Lo que ocurre es que si pienso en el mal que asola este Planeta y en la violencia del cosmos y de la naturaleza que los seres humanos hemos embellecido e idealizado, mis creencias se aproximan entonces al ateísmo, a la nada más allá del ciclo de la materia en su continuo movimiento circular de destrucción/renovación. Todas estas dudas y certezas nutren mi poética.


1509
Escucho en Radio Clásica una curiosa definición de la obra de Debussy: “Música sin huesos”. Me choca pero es acertada para definir los embrujos evanescentes del compositor francés, pionero en abandonar las grandes metáforas arquitectónicas para alcanzar la asombrosa fluidez de lo meramente sonoro.



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