domingo, 13 de diciembre de 2015

RECOMENDACIONES PARA LEER EN NAVIDAD


RECOMENDACIONES PARA LEER EN NAVIDAD



Me pide La Galla Ciencia que seleccione un máximo de diez libros como recomendación de lectura o de regalo para esta Navidad.  Me ponen en un brete porque soy un lector impenitente y son muchos los libros que me gustaría recomendar, así que incluyo en la lista solo los que han sido editados en 2015, con un predominio de poetas porque me siento más vinculado a la poesía. Siento dejar fuera títulos interesantes.


Poesía

-Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano. Editorial Celesta. Colección Piel de sal.
-La herida en la lengua de Chantal Maillard. Tusquest Editores.
-El Levante de Mircea Cartarescu, Traducción de Marian Ochoa de Eribe y prólogo de Carlos Pardo. Impedimenta
-La Hija de María García Zambrano. El sastre de Apollinaire.
-Lejos de toda furia (Poemas sobre una imagen) de Antonio Gracia. Prólogo de Ángel Luis Luján. Editorial Devenir.


 Narrativa
(aforismos y fragmentos de diarios)

Ars Fragminis de José María Piñeiro. Celesta. Colección letra Alef, 2.
El monstruo ama su laberinto. Cuadernos de Charles Simic. Traducción de Jordi Doce. Epílogo de Seamus Heaney. Vaso Roto.
(Cuentos)
Yo soy la locura de Andrés Ortiz Tafur. Huerga & Fierro editores/ narrativa.
(novela)
…Y todo lo que es misterio de Andrés Sorel. Akal Literaria.


Ensayo

Utilidad de la belleza de Kathleen Raine. Traducción de Natalia Carbajosa. Vaso Roto. Cardinales.





lunes, 23 de noviembre de 2015

MAX AUB: Diarios (1939-1972)


MAX AUB  
Diarios (1939-1972)



He terminado de leer una selección de los diarios de Max Aub en edición de Alba editorial (1988). Confieso que las veces que traté de leer a Aub desistí por aburrimiento. Lo intenté con tres novelas: La calle Valverde, Campo cerrado y Campo de Almendros, pero dejé todas a medias. Hace unos meses, por recomendación de un amigo, quise leer La gallina ciega pero no hallé este libro ni en las librerías, ni en las bibliotecas que frecuento. Ahora me he reconciliado con Max Aub leyendo esta selección de textos de las miles de páginas que constituyen sus diarios (ignoro si hay una edición completa de los mismos), que abarcan desde el exilio del autor (febrero de 1939) hasta las vísperas de su muerte (22 de julio de 1972 en México Distrito Federal). Son cuatro los años más convulsos y desasosegantes de estos diarios: desde que el autor abandona España como un republicano vencido hasta su llegada al puerto mexicano de Veracruz en  octubre de 1942. Desde que abandonara España le acompañará siempre un sentimiento de orfandad que no le impedirá ser un intelectual valiente y reflexivo.

Aub me parece un hombre honrado, lúcido y vehemente que vive la literatura como pasión y no teme hacer autocrítica ni ponerse abiertamente en contra de los comunistas, sobre todo en lo que respecta a la doble moral de estos, a raíz del pacto germano-soviético o la invasión de Hungría  en 1956. Al mismo tiempo que es capaz de adoptar una postura de justa equidistancia condenando la invasión ese mismo año del Canal de Suez por las tropas angloamericanas. Y censurando los abusos del capitalismo. También se atreve a criticar al jesuítico y omnipresente José Bergamín cuando este viaja a la antigua Yugoslavia a rendirle pleitesía al mariscal Tito y  justifica los crímenes comunistas, o cuando el atrabiliario escritor vasco regresa a la España franquista en los años 60 en un gesto de incoherencia.  Aub ampoco es indulgente con los colegas exiliados que supieron acomodarse con artimañas ni con los que representan “el llamado exilio interior”, a quienes considera apocados o cobardes. Es significativo el comienzo de esta nota del 9 de octubre de 1965 en la que su autor juzga con injusta dureza a Vicente Aleixandre, pues bien sabemos (aconsejo la lectura del libro De Nobel a novel epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández y Josefina Manresa, edición de Jesucristo Riquelme editado por Espasa libros, 2015) que el sevillano demostró ser un gran amigo del oriolano propagando su obra y ayudando honradamente a su viuda, josefina Manresa: “Me escribe Vicente Aleixandre, dándome algunas noticias acerca de Miguel Hernández, que le había pedido. Si aprovechas estos datos –viene a decirme-, ¡Por Dios, no vayas a decir que te los he dado yo! Son noticias totalmente anodinas. (¿Dónde estuvo Miguel a fines de marzo de 1939?) Ha estado todo el día bajo la mortal impresión de tristeza porque puedan enterarse de que se interesa por la suerte del que fue uno de sus mejores amigos. Terrible desconsuelo. Por él, por España, por Miguel.”

Max Aub es un crítico exigente pero pocas veces pierde la educación y suele valerse de un estilo directo, no exento a veces de exquisita ironía.
Las anotaciones de los diarios  constituyen la prueba más contundente de la vocación literaria de Aub, constantes reflexiones sobre el oficio de escribir y la voluntad de lucha del autor contra el viento de la historia y la marea del exilio. Encontramos en ellas información muy valiosa sobre la propia biografía del autor y sobre escritores, políticos y artistas de reconocido prestigio internacional, y algún que otro chisme. No hay en estas anotaciones grandilocuencia ni maximalismo, ni veleidades irracionalistas, si acaso, en ocasiones, el pesimismo del autor resulta algo paranoico. En general el tono de los diarios es natural, sereno y equilibrado, sobre todo cuando el autor ha de dar cuenta de la muerte de amigos y conocidos (en los últimos años, sus apuntes se convierten en una sucesión de necrológicas), aunque en ningún momento recurre al elogio fácil o al panegírico y siempre encuentra unas palabras de reconocimiento para quien se las merece.

            Encontramos deliciosos retratos a vuela pluma de escritores exiliados de la llamada Generación del 27, o palabras evocadoras dedicadas a otros autores menos conocidos que no les alcanzó el invento de Don Dámaso Alonso.
Aub es modesto pero no humilde, comedido pero no elusivo; tiene también su punto de egolatría y se queja a menudo de ser un desconocido al que solo leen unos pocos amigos. “No me tendrán que recordar sino descubrir” escribe en una nota de 1966. Por tanto, teme por el futuro de su obra y se lamenta cuando sus libros no son bien distribuidos –en ocasiones nada distribuidos-.

Habla con ternura del amor, de la soledad, de sus achaques, de sus nietos, y sufre por estar veinte años sin ver a su madre, la cual le culpa de no haber conseguido un visado para ella. Max Aub conjuga acertadamente su experiencia personal y sus peripecias cotidianas, sus angustias, desasosiegos y esperanzas con las reflexiones sobre lo que ocurre en el mundo y la defensa de una ética personal basada en la socialdemocracia. Resultan interesantes sus encuentros con colegas a los que aprecia pero que a menudo le defraudan. A veces sus reflexiones constituyen en sí mismas breves ensayos, y otras se adelgazan hasta alcanzar la esencia aforística, véase por ejemplo esta entrada del 29 de abril de 1957: “definición de arte: hacer de la mentira verdad”.

Por último diré que Max Aub se siente atormentado por su condición de apátrida al heredar cuatro nacionalidades: la alemana por parte de sus padres, la francesa por nacimiento, la española al afincarse su padre en Valencia en 1914 y la mexicana por elección propia al exiliarse tras la guerra civil. Sintiéndose español y hablando y escribiendo en nuestra lengua experimentó una lacerante falta de identidad. El 22 de enero de 1956 escribe: “¿Qué soy? ¿Alemán, francés, español, mexicano?¿Qué soy? Nada. ¿De quién la culpa? ¿Cómo culparme? Y, sin embargo, latente esa punzadura, ese veredicto culpable. Quise ser escritor- ¿Qué soy? ¿Novelista, dramaturgo. Poeta, crítico? No soy nada. Ahí también, con más razón, la sentencia culpable”



José Luis Zerón Huguet


viernes, 30 de octubre de 2015

SOBRE POESÍA Y POETAS XIV



Entradas del diario a Salto de mata


(junio-julio 2015)




1804

El poeta venezolano Rafael Cadenas, empeñado en regresar a una relación directa con el mundo a través de la palabra, es uno de los mayores adalides del despojamiento y la transparencia, desde una voluntad ética que se convierte en estética. Sin embargo su poesía no es inane ni débil, al contrario, destaca por ser enérgica y extraordinaria, con los rasgos más nobles de la naturalidad. 

Quien dijo “No quiero estilo/, sino honradez” resulta especialmente incómodo a los versificadores que cultivan el artificio retórico, a los vates que pierden su identidad en falsas intemperies, a los gregarios de la palabrería y la vanidad estéril. En estos tiempos de imposturas consagradas solo a un poeta valiente se le podría ocurrir reivindicar la autenticidad del lenguaje para evitar la degradación del espíritu humano.




viernes, 23 de octubre de 2015

SOBRE POESÍA Y POETAS XIII

Entradas del diario a Salto de mata


(junio-julio 2015)



1778

Cuando se habla o escribe sobre literatura española actual siempre sale a relucir esta sentencia: “falta sentido del humor y sobra solemnidad” ¿Es acaso cierta esta afirmación? ¿No incurren quienes la pronuncian o escriben en el tópico falaz? Porque a mí me parece que en la literatura actual hay una patente fobia por la seriedad. Lo que sobra, me parece a mí, son literatos acomodados en la ironía más o menos graciosa, más o menos ingeniosa, cuya estética consiste en la falta de riesgo estético.



1796

Me entero esta mañana de la muerte de Jesús Lizano, acaecida el pasado mes de mayo, a los 84 años de edad. Aquel poeta que creó el misticismo libertario y que en un poema mandó a los caballitos a todos los que conforman el mandarinato mundial, aquel señor barbudo y excéntrico que creaba hapenings delirantes y se hizo llamar Lizanote de la acracia y Lizanote de la Mancha, último maldito al que nunca se le reconoció este mérito, pues lo ostentaba L.M. Panero, aquel poeta que nunca tuvo los pies en la tierra para poder volar, me recordaba a Carlos Edmundo de Ory, pero con un cuerpo más imponente y una técnica poética menos depurada. Al amigo Lizanote le rinden ahora homenaje aquellos que nunca leyeron sus versos rotundos (a veces broncos y no exentos de una picardía infantil), ni sus cartas al poder, ni sus artículos radicales sobre poesía. Ahora que ha muerto se pone en marcha la máquina de la reivindicación, pero a buenas horas le llega el espaldarazo a este verdadero heterodoxo que clamaba contra la vanidad de los poetas y denunciaba la agusanada moral de sus colegas. Pero él, que tuvo su chachito de reconocimiento hace ya muchos años, cuando ganó el Premio Boscán y publicó en editoriales conocidas como Libertarias o Lumen y fue entrevistado en un programa televisivo de Sánchez Dragó, hubo de publicarse él mismo la mayoría de su obra. Lizano quería más, obviamente él también tenía su ego y sus ambiciones (lo cortés no quita lo valiente) y se rebelaba a su manera contra el ninguneo que sufría por parte de la crítica.


           
Reconozco que intenté leer su obra poética y solo alcancé a degustar algunos poemas. En cuanto a sus cartas y textos teóricos se me atragantaron en su mayoría. Nunca logré conectar a fondo con su mundo peculiar, pese a todo reconozco que son necesarios poetas valientes e insobornables como Jesús Lizano, sobre todo ahora que el malditismo ya no vende, o al menos el malditismo clásico. A lo sumo logran hacerse notar y alcanzan notoriedad los poetas que se inventan una imagen prefabricada de heterodoxos que no renuncian a las bondades de la integración. Rebeldes que solo tratan de captar adeptos. En todo caso lo que interesa del malditismo es su estereotipo. Al público lector y a la crítica les pone la banalización de los poetas y escritores rebeldes, viejos malditos o muertos prematuramente. La heterodoxia convertida en merchandissing, lo revolucionario constreñido ridículamente en chapas, camisetas y souvenires caseros. Toda esa ridiculez culta y posmoderna que ha sustituido a las clásicas estampitas, medallas, escapularios y otros objetos relacionados con vírgenes, cristos, santos y beatos.



martes, 20 de octubre de 2015

jueves, 8 de octubre de 2015

LEJOS DE TODA FURIA (Poemas sobre una imagen), de Antonio Gracia.






LEJOS DE TODA FURIA
 (Poemas sobre una imagen)
Antonio Gracia

Editorial Devenir, Madrid, 2015





Antonio Gracia reúne en este poemario una serie de obras de arte con las cuales se identifica y dialoga con ellas. No se trata de una mera descripción o interpretación de las obras escogidas, no es eso lo que persigue Antonio Gracia, lo que nos transmite son las reflexiones y emociones que siente cuando las contempla, con un lenguaje que armoniza representación y símbolo. Los poemas reunidos en este volumen componen la pinacoteca mental del autor. El libro está dividido en cuatro secciones. En la primera parte, titulada El arte redentor asoma esa constante en los últimos libros de  Gracia: la fusión del himno y la elegía, también la obsesión por el paso del tiempo y el sentido de la existencia. De esta primera sección destacaría EN EL FULGOR DE LA NOCHE (Rembrantd: Ronda nocturna), NOCHE ESTRELLADA (Van Gogh) LA MARAVILLA (Altamira, Lascaux/ Esbozos para la Capilla Sixtina, LA INVASIÓN DEL SINÁNTROPO (Guillermo Bellod), LA  FÚNEBRE ARMONÍA (El Bosco; El jardín de las delicias) y SI MUERO ANTES DE DESPERTAR (Millais: Ofelia).

          En la segunda sección, Amore, cobra protagonismo otro de los temas recurrentes en la poesía de Antonio Gracia: la belleza y un erotismo no exento de agonía. Destaco de este conjunto dos poemas conmovedores: LA BELLEZA DEL CUERPO (Velázquez: Cristo; Goya: La maja desnuda), ILUSTRACIÓN DEL ORGASMO (Bernini: Teresa de Jesús) y ORIGINALIDAD ENCADENADA.

           La tercera lleva parte lleva por título Bagatelas y reúne un conjunto de semblanzas de escritores y músicos. Destaco OPUS 125 (Stieler: Retrato de Beethoven) y el soneto dedicado a Lope RETRATO DE LOPE DE VEGA  (Caxés?). El autor  también homenajea a dos de sus amigos: LITURGIA DEL POEMA (Para A.L. Prieto de Paula) y DIVERTIMENTO ALEDIANO (PP Aledo).

          En la cuarta, Sobre las sombras, prevalece el escepticismo y la melancolía. El título es significativo y responde al deseo del autor de renunciar al apasionamiento, al furor poético y alcanzar la serenidad y el equilibrio reflejado en su poética última, donde trata de imponerse una voz vitalista y luminosa. Leemos en ONIRIA.COM (Fotomatón autorretrato):

He vuelto a sembrar luz sobre mi corazón.
Las semillas arraigan. Reflorece la vida
la primavera invade  mi corazón helado.

En CANTICUS HÍMNICO (Durero):

Canto al hombre que eleva su brazo y vuelve a alzar
la antorcha de la vida allí donde hay cenizas
que le ocultan el sol, y planta un nuevo día
cada vez que el ocaso quiere imponer su noche.

Y en AÚN: 

Porque sabes que el mundo ya no espera
de ti sino tu muerte, dale vida.
Haz de esa sinrazón una razón
para seguir viviendo y crea
esos mundos que el mundo no conoce
y no conocerá
sin  ti.

        Pero la jovialidad no es alcanzada plenamente, y a veces la voz poética naufraga en procelosos abismos para los que no hay nombre posible: Leemos en EL NAUGRAGIO INTERIOR (Carmen Muñoz Esperpenteando):

El alma se pregunta
qué forma tienen el pensamiento y surgen
monstruos, dédalos, gritos
desde el íntimo infierno
en el que, sin saberlo, nos hemos convertido.
El dolor duele más
cuando no tiene nombre.

          En este, como en los últimos libros del autor, está muy presente el conflicto entre la vitalidad y la pulsión tanática, la sencillez y la complejidad, el optimismo y el pesimismo, la reflexión puramente racional y la zambullida sensorial. En el último bloque se aprecia mayormente ese equilibrio de contrarios, tan propio de Antonio Gracia, entre la oscuridad, con sus crepúsculos, noches, ruinas, cenizas, devastaciones y abismos, y la luz como plenitud amorosa y manantial de belleza; en suma, entre  la vida “como un prodigio inescrutable” y la muerte en su doble vertiente destructiva y salvífica. Al mismo tiempo hay una alternancia de la esperanza, de la búsqueda de la paz y el pleno ensalzamiento de la naturaleza -“esa naturaleza que da vida”- y el extravío, la incertidumbre y la melancolía. Si bien, la mayoría de écfrasis que constituyen la última sección del libro  aluden a un pesimismo no resuelto: RUINAS (Klimnt: las tres edades), LOS MUERTOS Böcklin: La isla de los muertos. MELANCOLÍA: (Hopper: Noctámbulos. EL INDEFENSO (Fotomatón retrato)…

          Dice en el valioso prólogo Ángel Luis Lujan: “La contención domina el libro, el afanoso trabajo de artesano del verso, la colocación exacta de todos los elementos poemáticos como si de la mano de un orfebre de la palabra se tratara, adelantando en cada línea una obra maestra, un universo completo. El resultado no es un brillo frío, sino que de esa maestría, como de la perfección de la estatua de Pigmalión, surge la vida y la emoción del poema”. Y en efecto, aunque el mismo autor deje patente en el título del libro su  renuncia al furor y su querencia por la análisis profundo, en ningún momento decae la intensidad lírica de los poemas que lo conforman, alcanzando, como señala Luján, “la serena pasión”.  También en los versos pulcros y calculados de este libro asoma el gusto de Antonio Gracia por los juegos de palabras y las  paradojas -no exentos de rebeldía lúdica- y su tendencia a inventar neologismos. La poesía de Gracia es cada vez más  luminosa, equilibrada y serena pero no tan solar como querría el autor. Aunque haya renunciado a la furia y abrazado la emoción serena, le siguen torturando temas de sus primeros libros como la muerte, la crueldad, el alegato sicalíptico, la rebeldía contra un dios ajeno a su creación y el anhelo de perduración del hombre perdido en un universo condenado a la caducidad. Los dos poemas finales, y los más extensos, no sé si situados estratégicamente de manera deliberada a modo de epílogo, resumen no solo el contenido del libro, sino también la sólida poética del autor. Estos son LA BÚSQUEDA DEL DIOS (El ÍNTIMO ALIENÍGENA) (El Cristo de Dalí) y MADRIGAL PARA EL FIN DE LOS TIEMPOS (telescopio Huble)

          En resumidas cuentas: Antonio Gracia verifica su camino hacia la luz emprendido hace años en una tensión constante entre la inteligencia y las turbaciones del espíritu y deja atrás el furor autodestructivo.
José Luis Zerón Huguet




Antonio Gracia nació en Alicante en 1946. Su obra está recogida selectivamente  en las recopilaciones Fragmentos de identidad (Poesía 1968-1983). Aguaclara. 1993 y Fragmentos de inmensidad (Poesía 1998-2004), Devenir, 2009. Sus últimas antologías Son: El mausoleo y los pájaros (Huerga & Fierro) y Devastaciones, sueños (Vitrubio).
Es autor del blog "Mientrasmi vida fluye hacia la muerte". Entre otros ha obtenido el “Premio Fernando Rielo”, el “José Hierro” el “Paul Beckett de la Fundación Valparaíso” y el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana









jueves, 10 de septiembre de 2015

SOBRE POESÍA Y POETAS XII


Entradas del diario  A salto de mata


(Junio-Julio de 2015)



1766

En algunas entrevistas aparecidas los medios de comunicación es frecuente encontrar esta pregunta “¿Ha abandonado últimamente algún libro por imposible?” Si me la hicieran a mí respondería afirmativamente y el libro sería Reflexiones del señor Z (Anagrama, 2015) de Magnus Enzensberger. Aunque no me cautiva la poesía de este anciano alemán, sí reconozco sus dotes como ensayista y reconozco en él a un intelectual lúcido, irónico y librepensador. Por eso pedí prestado este libro en la Biblioteca Fernando de Loazes de Orihuela. Pero me ha defraudado por completo hasta el punto que decidí abandonar la lectura cuando llegué a la página 50. No pude continuar a pesar de que el libro es breve y la prosa fluida, casi aforística. Y ya no sé si es que el autor no ha acertado o yo no he entendido el libro. El señor Z es un hombre extravagante, curioso, pretendidamente sabio, sí, pero para mí no tiene atractivo alguno, me resulta un hombrecillo superficial y en ocasiones bobaliconamente pueblerino. El extraño señor z habla con sus contertulios (generalmente jóvenes) de todo, trata de abarcarlo todo, desde la economía y la política hasta la cultura y el arte, pasando por las nuevas tecnologías, pero sus observaciones están llenas de trivialidades, lugares comunes y expresiones de Perogrullo. Quizá la fina ironía que caracteriza a Ensnsberger, en boca del hombrecillo del bombín, sea brillante pero a mí no me ha deslumbrado. El señor z me recuerda a Mr. Chance, pero más prepotente, criticón y lenguaraz.


1774

Odiseas Elytis:
La poesía es el arte de aproximarnos a lo que nos sobrepasa.


1775

“Escribir” es uno de los poemas más intensos y turbadores que ha escrito Chantal Maillard; pertenece al libro Matar a Platón y se cierra con tres versos de una rotunda belleza:

Escribo
para que el agua envenenada
pueda beberse.

Estos versos encabezan la página web de la poeta. Tres hermosos versos que también son presuntuosamente ingenuos, al conferirle la autora a la poesía un poder taumatúrgico que si alguna vez lo tuvo, hoy, desde luego, lo ha perdido. Pero estas arrogancias son disculpables, diría que hasta deseables, sobre todo cuando se trata de buena poesía, como la de Chantal Maillard.




miércoles, 2 de septiembre de 2015

LA CABELLERA DE LA SHOÁ de FÉLIX GRANDE.


El HORROR, EL HORROR…








Félix Grande. 
La cabellera de la Shoá

Epílogo de Juan José Lanz.
Bartleby Editores. Madrid, 2015.











He leído de un tirón los mil versos de La cabellera de la Shoá, el largo e intenso poema que cierra Biografía, la poesía reunida de Félix Grande en Galaxia Gütenberg/ Círculo de Lectores y que este año ha aparecido en edición exenta en Bartleby ediciones, con prólogo de Juan José Lanz que solo he hojeado.

            Félix grande volvió a escribir poesía después de casi cuarenta años de silencio cuando visitó el campo de exterminio de Auschwitz y se encontró con una vitrina del Museo en la que se expone una inmensa mata de pelo femenino que pesa casi dos mil kilos, compuesta por el cabello arrancado a las deportadas y que es una muestra de las miles de toneladas de cabello humano que los aliados se encontraron en sacos cuando liberaron el campo de concentración. Grande la contempló e incluso pudo tocarla, y de su conmoción salió este poema torrencial dividido en diez secciones. Yo también he quedado conmocionado con la lectura del poema, terrible, sobrecogedor cuya estructura circular y la fuerza de las palabras y las imágenes, nos trasmite el estado de regresión al que se llegó en aquel siniestro matadero. El poema nos transmite piedad, compasión, perplejidad y cólera. Y sobre todo una angustia interrogativa, cuya respuesta desolada es que no es posible explicar el delirante grado de abyección que se vivió en Auschwitz y en otros campos de concentración nazis. El poema se inicia y acaba con dos preguntas: “¿Oís la llamada?” y “¿Ustedes saben escuchar?” Y es que Félix Grande interpela en todo momento al lector y hace una llamada constante a la Conciencia que me hace recordar el célebre poema del pastor protestante Martin Niemöller atribuido a Brecht.  La escritura de Félix Grande, comprometida con la Historia y con  el mundo, alcanza en este poema grados de excelencia. El autor no pierde en ningún momento los estribos a pesar de la imponte potencia que alcanzan los versos; la palabra fluye con un ritmo intenso y preciso, para ello el autor exhibe su dominio de la técnica poética con la sabia combinación de versos pentasílabos, heptasílabos, eneasílabos y endecasílabos y el acertado empleo de recursos como la anáfora, la repetición, el retruécano, el neologismo y la aliteración.


            El poema, aunque bronco y airado, no deja de transmitir una desolada belleza que me ha hecho reflexionar sobre el eterno debate acerca de si es lícita la estetización del mal y el horror. Hubo un tiempo en que leí y disfruté a autores que vivieron el horror de los campos de concentración (Elie Viesel, Primo Levy, Imre Kértesz, Jorge Semprún), así como películas y documentales sobre el Holocausto (recuerdo especialmente Shoá el filme de historia oral de diez horas de duración del realizador francés Claude Lanzmann) y me alarmé cuando fui consciente de que aquellos libros, aquellas películas, al mismo tiempo que perturbaban mi conciencia y despertaban mis sentimientos de solidaridad con las víctimas, me producían placer estético. El poema de Félix Grande, como cualquier obra de arte que encare la barbarie nazi u otros masacres de la historia, corre el peligro de incurrir en la estetización del horror, de dejarse seducir por el mal que trata de denunciar y exorcizar, pero aun asumiendo este riesgo creo que es preferible el testimonio de la palabra o la imagen al silencio o la indiferencia. Félix Grande se formula –nos formula- a través de sus versos preguntas que no podemos evitar, como ¿qué mundo nos han legado los muertos de generaciones pasadas? ¿El horror exterminador permite abrir una puerta a la esperanza? ¿Qué vida nos espera en este mundo si negamos la memoria o la reducimos a un objeto de consumo editorial? Preguntas necesarias para que deje de renovarse el dictado de lo siniestro.




jueves, 23 de julio de 2015

SOBRE POESÍA Y POETAS XI


Entradas del diario a Salto de mata

(julio – agosto 2014)



1534

Ángel Luis Prieto de Paula reseña en Babelia la biografía de José Manuel Caballero Bonald escrita por Julio Neira y la antología de textos en verso y prosa del autor jerezano, editada por Cátedra. Ángel Luis es uno de los críticos españoles que más sabe de poesía. Lo conozco personalmente y sé que además es un hombre honrado y juicioso, pero esta vez incurre en el lugar común, en la idea fija, al subrayar la supuesta heterodoxia del escritor gaditano. Y  es que los conceptos de ortodoxia y heterodoxia están cada vez más difusos. A estas alturas uno no cree en la rebeldía de un autor mediático y multipremiado como Caballero Bonald, que dice rechazar la notoriedad pero no para de conceder entrevistas y presume de ser un disidente aunque no pierde la menor oportunidad de pontificar desde su poltrona con su imagen de hombre escéptico y refunfuñón aunque venerable.

              Caballero Bonald es uno de esos autores que pasan por señores senequistas, exiliados voluntariamente y que, sin embargo, están cerca del ruido y la bulla de la época y siempre desde lo más alto.

José Luis Zerón


miércoles, 8 de julio de 2015

LA POÉTICA ÁUREA DE PEPE ALEDO


LA POÉTICA ÁUREA DE PEPE ALEDO




Durante el pasado mes de mayo el pintor oriolano José Aledo Sarabia expuso en la sala de exposiciones de la Fundación Caja Mediterráneo Ante el umbral o la poética áurea, una colección que consta de 110 cuadros en técnica mixta (acuarela, agua de tinta sepia, acrílicos…) en los que encontramos resumida y renovada la iconografía del artista, desde su primera exposición en 1976 hasta la actualidad.  Pasadas unas semanas de la clausura de esta excelente exposición he quiero dejar constancia en este blog de mi admiración por la pintura de Pepe.

Como escribe Sesca en su acertado texto publicado en el cartel anunciador de la exposición, “el autor concentra y descarta lo mejor de su obra. Es por tanto una obra en la que conviven diversas épocas, motivos, lenguajes y hallazgos, reconocibles en su evolución hasta cristalizar en un punto sin retorno de hallazgo y logro poético. En el umbral de otro mundo –otro más- descubierto en la frontera donde oníricas visiones emergentes sustituyen agostados ensayos,”. Sesca también destaca (y esto es muy importante) que Pepe Aledo se mueve de manera solvente tanto en el mundo de la pintura como en el de la literatura, especialmente la poesía. En esta misma muestra hay cuadros dedicados a sus amigos poetas, (Ada Soriano, Antonio Gracia, Antonio Aledo, Ramón bascuñana, Manolo Susarte… y me enorgullece decir que yo también estoy en la lista de agraciados) y en ellos se incluyen extractos de poemas rodeando la imagen en forma de marco, a pie de cuadro o incluso en viñetas. La generosidad de Pepe con la poesía queda patente una vez más en su pintura.

Pepe Aledo podría haber sido un profesional de la pintura y el dibujo, pero ha preferido mantener una dedicación plenamente vocacional .Y es que Pepe, como pintor y dibujante, he sido testigo de ello, trabaja con orden y disciplina, pero con entusiasmo. Crea por placer, disfruta al margen de la industria del arte y de las institucionales. Es por ello que no necesita ejercer de artista adoptando poses falsas. Precisamente Pepe es una de las personas más sinceras que he conocido, y su franqueza es incompatible con imposturas y estrategias manipuladoras.

En la Poética áurea asoman una y otra vez personajes grotescos, excéntricos e irreverentes  que destrozan el canon de belleza, objetos simbólicos (pértigas, cuerdas de funambulista, escaleras, paraguas), adornos y figuras geométricas (espirales, fractales, grutescos, objetos antropomorfos), motivos característicos de la obra alediana. También destaca un peculiar y fascinante uso del color. Nos encontramos ante un mundo en el que conviven hábilmente el dibujo y la pintura. Un mundo lleno de mensajes, de dimensiones ocultas o inquietantes, de líneas de fuerza y de realidades imprevistas que podríamos llamar onírico. Una suerte de mundo mágico en el que se funden lo lúdico y lo melancólico, lo abigarrado y lo sutil, lo inmediato y lo profundamente evocador, el erotismo no exento de perversión y la inocencia. 


En los cuadros de reciente factura se observa una evolución, sobre todo en el tratamiento de los paisajes, con más riqueza de detalles y la incorporación de imágenes cósmicas, así como en la inclusión de una narrativa visionaria, apocalíptica en ocasiones (meteoritos que se ciernen sobre la ciudad, cielos surcados por extrañas e inquietantes formas lenticulares que podrían ser naves espaciales, una familia contemplando el avance de un tsunami, monstruos en la orilla de una playa, personajes anonadados que observan torbellinos de estrellas,  inquietantes bocas aladas sobre paisajes desolados, plantaciones de girasoles en los que  habitan monstruos marinos... ). En casi todos los cuadros hay un componente irónico, inocente o lúdico que no niega el dramatismo. En el mundo del arte, el dramatismo y la ironía raramente se encuentran. Lo normal es que se excluyan mutuamente. En la poética Áurea, en cambio, conviven sin conflictos.


También se observa en esta muestra una evolución en el tratamiento del color (tan fundamental y fascinante en el mundo alediano), con la presencia abundante del negro y el azul de Prusia en los nocturnos y el pan de oro y plata para resaltar los fondos en los cuadros más icónicos.
La obra de Pepe es muy reconocible, tiene un sello personal inconfundible, pero no es monotemática. Hay en ella una compleja multiplicidad. No abandona la realidad pero mira a otro lado, de ahí que muchos de sus personajes siempre estén a un paso de traspasar el umbral del cuadro. En su obra la vida pulula en una feliz convivencia entre lo concreto y lo fantástico.
      
   Por último quiero resaltar otra característica que considero sobresaliente en la lenguaje pictórico de Pepe en general y en esta muestra en particular, y que ya he destacado en otras ocasiones: una sabia asimilación de la historia del arte que realiza el artista sin incurrir en el pastiche. Hallamos  la presencia del arte rupestre y el de algunas culturas primitivas, así como las figuras esquematizadas de las cerámicas griegas y etruscas con las que Pepe  compone el protagonismo de lo mitológico. También están presentes los bestiarios, emblemas y códices miniados de la Edad Media y el manierismo tardogótico, los iconos bizantinos, el simbolismo, el fauvismo (especialmente en la figura de Matisse), el expresionismo y el surrealismo, hasta llegar a autores figurativos contemporáneos como Botero, Bacon y Pérez Villalta. Incluso se aprecia la influencia del mundo del comic.

            Hay en la Poética áurea abundancia de seres y cosas tan reales como inconexos y enigmáticos (véase, por ejemplo el carácter híbrido de figuras-personaje),presencias solitarias o en grupo pero extrañas entre sí, figurantes de un mundo de inminencia y acontecimientos que, a pesar de su carácter lúdico, travieso, circense, transmiten al espectador, estupor, inquietud, desasosiego.
            Creo que de todos mis amigos pintores, Pepe es el que ha conseguido crear un mundo más personal y reconocible. La Poética áurea resulta fascinante y nos da la medida de la potencia y originalidad de este artista, como decía, puramente vocacional.

José Luis Zerón Huguet