lunes, 27 de octubre de 2014

CELEBRACIÓN


CELEBRACIÓN




                                              Para Rosa Navarro






Captura el momento indómito que

dispersa muerte y escombros

en su progresión.

Amaéstralo. Convierte el instante


en un estremecimiento de claridad.

Amansa sus impulsos de bestia implacable

y abrázalo cálidamente.

Nombra la realidad, nómbrala


aquí y ahora hurga sin miedo en las alas negras

del acontecer, hurga en la textura

secreta del ritmo y el origen.

El tiempo no es mesurable cuando

el ser humano se baña de luz

y en el asombro es

y comprende que quien mira

como ama puede vadear la oscuridad

sin ansias ni aflicciones,

y morder el vacío

y masticar despacio

el silencio de una alerta.



Nombra la imagen que te nombra, nómbrala.

Nombra los jardines de su piel sin dioses

y concédele eternidad.

Habitamos al raso de un dolor antiguo

y transitamos heridas secretas

causadas por las mordeduras del tiempo.

Es preciso conjurar a la muerte necesaria

en el hoy de este instante y su brizna de plenitud

para ser uno con todo en la raíz del fulgor.




                                           José Luis Zerón Huguet



*Del poemario inédito "Exilios y moradas" y publicado en el último número de Opticks Magazine, "Paradoja" (otoño, 2014).





© Javier Monsalvett





jueves, 23 de octubre de 2014

Sobre "El vuelo en la jaula", por Mateo Marco Amorós



 VACIANDO EL AIRE DE LAS CARACOLAS


En Orihuela, a primeros de mes, inauguramos nuestro octubre hernandiano, que es decir octubre de poesía, asistiendo a un recital poético en la Casa Museo de Miguel Hernández. Bajo el título "El patio de la poesía" se han programado cuatro sesiones que han tenido o tendrán lugar en el patio de la casa hernandiana, ese espacio que nos conduce desde la vivienda sencilla hasta la fabulosa higuera que siempre nos emociona porque nos trae la "Elegía" a Sijé: "Volverás a mi huerto y a mi higuera: / (...)"
La primera sesión de este "patio", la que hoy decimos, estuvo dedicada al poemario "El vuelo en la jaula" de José Luis Zerón Huguet, poemario que se editó hace diez años desde la inteligencia de la Cátedra Arzobispo Loazes, dirigida por el profesor Gregorio Canales, abriendo una colección poética que ha reconocido a escritores en activo de la Vega Baja. El recital fue hermoso. Además estuvimos al lado de José Aledo, responsable de la portada del libro que se representaba.

Tras las pertinentes intervenciones protocolarias –especialmente nos parecieron acertadas las palabras de Sofía García Godoy– arrancó el recital, participado por el Taller Municipal de Teatro de Orihuela que dirigen Manuela García Gómez y Atanasio Die. El fondo musical, la voz cálida del violonchelo, corrió a cargo y con gusto de María José Paredes. Y todo nos devolvió la voz de Zerón poeta. Una voz que el propio autor considera etapa pasada. Pero no por ello vieja, decimos. Entendemos que el creador, siendo inquieto, después de diez años pruebe nuevos caminos. Malo sería el estancamiento. Pero esto no quita vigencia a "El vuelo en la jaula" que hemos recordado como nuevo apreciando, entre otras cosas, ese exprimir estéticamente la ruina. Manuel García Pérez, en el prólogo, escribió que el poemario "pervive en la memoria de las palabras, pero es un estigma que se empoza en la realidad como visión de la devastación."

Considerando las palabras, siempre que leemos a Zerón apreciamos un trato meticuloso de los términos. Este escritor no se conforma con cualquier término, siempre nos seduce trayéndonos palabras desusadas, esas palabras que aun diciendo lo mismo que decimos con otras más comunes, nos embelesan al devolvernos sus sonidos perdidos. Son voces rescatadas desde la exquisitez de poeta. Así, esa visión amarga que nos aturde, que nos inquieta y que nos produce angustia, se camufla entre las bellezas de la voz delicada. Poesía.






 

miércoles, 8 de octubre de 2014

UNA NOCHE DE VERANO





Que Cortázar es el padre de la literatura latinoamericana en su vertiente fantástica, y que además dignificó el surrealismo y lo elevó a una categoría superior a las pautas marcadas por Breton y sus seguidores (1), me parece un hecho indiscutible, sin embargo es curioso que en los últimos años, en el ámbito de las letras hispanoamericanas, una representación importante de la crítica haya relegado al autor de Rayuela a un segundo plano al considerar que su obra ha envejecido prematuramente, hasta el punto de minimizar su aportación a la literatura de lo insólito considerándolo un Kafka menor. A estas alturas me resulta sorprendente que haya que seguir reivindicando la enorme vigencia de un clásico de la literatura siglo XX.




            Para mí significó mucho el descubrimiento de Julio Cortázar. Tenía yo quince años cuando empecé a leer sus cuentos, empujado por la curiosidad de conocer lo que escribía el traductor de mi admirado Edgar Allan Poe. Años más tarde accedí al resto de su obra y aunque Cortázar me parece un excelente ensayista, un estimable novelista y un poeta aceptable, lo mejor de su escritura se halla en sus cuentos.


            No es mi intención abarcar en tan poco espacio la obra cuentística de Cortázar, pero sí quisiera destacar y analizar desde mis limitadas posibilidades “Verano”, que no es uno de los cuentos más citados del autor argentino, siendo como es, a mi parecer, una pieza maestra del género. Su contenido es el siguiente: Una cabaña en el sur de Argentina. Mariano y Zulma comparten una realidad previsible y monótona, asfixiados por la rutina y el orden. Florencio, un amigo de la pareja, llega al atardecer con su hija y les pide que la cuiden hasta la mañana. Cuando llega la noche, un caballo blanco se acerca al porche y amenaza con entrar en la casa. Zulma sufre un ataque de nervios y Mariano trata de mantener la calma. El caballo se marcha y la pareja de acuesta, pero Zulma se despierta en una pesadilla y baja a la cocina donde duerme la niña, queriendo comprobar que la puerta está cerrada. Mariano se despierta y la acompaña hasta la habitación, y allí, impaciente, la fuerza. Cuando amanece la pareja sigue con su rutina inalterable, como si nada hubiera ocurrido la noche anterior.