jueves, 31 de julio de 2014

SOBRE POESíA Y POETAS II




SOBRE POESíA Y POETAS

(entradas del diario A salto de mata enero-junio 2014)



1406

Cuando se conjuntan el furor y la inteligencia nace la poesía, la auténtica poesía. La que no surge de esta cópula es un fraude, solo orfebrería metódica.


1421
Leo un enjundioso libro de entrevistas con el poeta de Moguer titulado Juan Ramón Jiménez por obra del instante, en edición de Soledad González Ródenas.
Juan Ramón, como no podía ser de otra manera, se muestra como el hombre que era: egótico, maniático, crudamente sincero, independiente y terriblemente lúcido; un hombre honesto y solitario a consecuencia de su neurosis y de su integridad, consagrado por completo a la poesía. Por paisanaje me han llamado la atención sus opiniones sobre Gabriel Miró y Miguel Hernández.
Sobre el cronista de Oleza dice en 1921: “Es muy amable, es humano, pero la amistad es una cosa muy distinta del arte. Yo estoy solo y por eso no tengo amigos. Soy algo aparte y no temo decir lo que pienso. Le decía a usted que Miró está bien, que cuida su estilo, pero que es arcaico. Su obra no vive. Además es muy provinciano, no sale de su pueblo, no vuela…”
            En 1927 opina que la prosa de Miró es “orgánica, palpitante, amontonadamente carnal. Tiene acento, ritmo, sentido, emoción. Es noble. A veces abarca en su desarrollo exactitudes extraordinarias.
            En cambio, es lenta, prolija, monótona, de poca espontaneidad y menos dinamismo.
            Le da simpatía su honradez, su bondad. Antipatía, su arrinconamiento, tanta anécdota, tanto nombre propio, tanto cura, tanto dulce, tanta monja, tanto marisaber.
            Y la falta de equilibrio entre sentimiento blando en que abunda y la idea viva de que carece, le resta atractivo y universalidad”.
            Y en 1933: “Gabriel Miró es un novelista regional. Él es un lírico de la prosa que ha escrito sobre las costumbres regionales de Levante, pero tampoco es lo que podría decir un novelista”.
            No sé pueden enumerar más alto y más claro las virtudes y defectos de Miró. Juan Ramón se sitúa junto a Ortega y Gasset y tantos otros críticos que no consideraban a Miró un novelista. Y en esta última consideración creo que Juan Ramón se equivoca.
            En cambio de Miguel Hernández habla poco pero bien. En una entrevista de 1949, le pregunta el periodista:
“-¿Alcanzó usted a conocer en vida a Miguel Hernández, el “pastor lírico” (otra vez a vueltas con el tópico), que murió en plena juventud? ¿Qué opina de su reducida obra poética?
-No solo lo conocí, sino que vino a mi casa aún vestido de pastor, cuando llegó de Orihuela, y yo fui la primera persona que escribió sobre él en EL SOL de Madrid. Lo traté mucho en todas las épocas de mi vida. Empezó de un modo artificioso, porque se educó con un grupo de Orihuela, Comenzó por los clásicos españoles antes de tener personalidad, escribiendo cosas muy complicadas. Pero al momento reaccionó y fue el único poeta que realmente vivió la poesía de la guerra, porque fue el único que la hizo”
En esta misma entrevista Juan Ramón rechaza el tópico de la torre de marfil en la que tantos críticos han querido recluirle y dice con rotunda lucidez: “La Torre de marfil no existe, Esa es una invención. ¿Dónde está la torre de marfil?. Son las abstracciones, el aislamiento del hombre que estudia e investiga. Eso es humano, no torre de marfil. Todo lo que nace del hombre es humano. No hay ninguno que se encierre en eso. La mayor parte de los poetas que se consideran subjetivos son los más humanos y a los que les gusta más la gente, y hay muchos en cambio, que gritan demasiado y se pasan la vida en su despacho, leyendo”.


1424
La poesía como pharmakon, veneno o remedio a la vez contra la realidad chata y sus fútiles promesas de futuro.


 





José Luis Zerón Huguet


 

miércoles, 23 de julio de 2014

SOBRE POESÍA Y POETAS



 
SOBRE POESíA Y POETAS

(entradas del diario A salto de mata enero-junio 2014)



1358

La poesía es un género literario despreciado, siempre cuestionado y obligado a la constante necesidad de explicarse. La poesía en continuo peligro de extinción. Sin embargo, ante la posibilidad de no ser y pese al caos en que anda sumida, está generando una expectación en aumento: cada vez hay más poetas –con más o menos talento, más o menos impostores- y me atrevo a decir que una mayor cantidad de lectores de poesía que no escriben poesía; abundan los festivales poéticos, la perfopoesía, los colectivos de poetas conectados por internet, las experiencias de poesía multimedia alternativas y los editores independientes en la Red –blogs , páginas web, revistas digitales dedicadas a la poesía, etc.-; hay cada vez más editoriales y poetas que toman la calle y debates en torno al presente y futuro de la poesía. Hay Poetas consagrados, establecidos, alternativos, postrománticos, postsimbolistas, postpoetas, arqueólogos sonetistas, comprometidos, intimistas, expansivos… A la poesía se la ataca por todas partes, es maldecida, perseguida, obligada a habitar en las afueras, y de cuando en cuando es exhibida como una reliquia del pasado o como un lujo inútil o como una liberación catártica o como un fenómeno futurible. Pero la poesía, ajena a tantos debates, a tantos feroces cuestionamientos, a tantas felonías y humillaciones, resiste, ahora más que nunca, los asedios de la crítica, y soporta la pusilanimidad de los propios poetas y el deseo de los que tratan de institucionalizarla y de los que, al contrario, la  reivindican como un instrumento de insumisión. No se somete a la rigidez de la tradición ni a la impaciencia descarada de la singularidad. No tiene respuestas porque es en sí misma una duda metódica y no sabe el lugar que ocupa pues siempre ha estado desubicada: su territorio es inestable y dinámico, y acoge los discursos periféricos y los convencionales, las estéticas marginales y las dominantes, las representaciones  afectivas y los horizontes epistemológicos.



1365
No puede ser más lúcido Albert Camus cuando en L´homme révolté subraya la vacilación del poeta inconformista entre la contemplación y la acción decidida, entre el entusiasmo y el pesimismo. Para Camus la poesía rebelde “ha oscilado entre estos dos extremos: la literatura y la voluntad de potencia, lo racional y lo irracional, el ensueño desesperado y la acción implacable”. Un ejemplo palmario de esta afirmación es la poesía insobornable de Juan Gelman, quien falleció ayer a los 83 años de edad. Con él coincido en varias de sus afirmaciones:
-la poesía no puede cambiar el mundo, pero sí puede enriquecer a quien la lee.
-El único tema de la poesía es la poesía. Por eso el poeta puede hablar de todo.
-No se puede escribir a voluntad, o sea una poesía funcionaria. La poesía te busca, no tú a ella.


1367
Leo en El Cultural de El Mundo una entrevista con Agustín Fernández Mallo, el paradójico escritor que representa la ruptura y la integración al mismo tiempo. Dice: “El mayor respeto para con el lector es ignorarlo”. Este es el titular. En la respuesta a la pregunta sobre si es posible escribir sin pensar en el lector, Fernández Mallo  matiza: hay que escribir como si el lector no existiera, porque no puedes hacer algo bueno si piensas en agradar o en quién le va a gustar lo que tú haces”.
            Horas después de leer las declaraciones de Mallo escucho una entrevista a Juan Gelman en www.Vanguardia.com  Dice el poeta argentino: “No pensar en el lector es el mejor modo de respetarlo. Escribir para… ya me parece un deseo de imprimir voluntad a lo que no se puede poner voluntad”.


1368
Nada mejor para sentirse uno a gusto consigo mismo que este verso del Nóbel sueco Transtrómer: “Misión: estar donde uno está”. Por muy perogrullesco que parezca el verso, no deja de ser aleccionador, al menos para mí. Me sitúa en una actitud de reconocimiento de mí mismo y de lo que me rodea, de asunción y celebración a un tiempo de la existencia, en una actitud de espera para recibir lo que está por llegar. Lo importante es ser y estar siempre con un movimiento de apertura a pesar de nuestra insignificancia.

1369
Enero ha sido nefasto para  la poesía. Primero se fueron José Emilio Pacheco, Juan Gelman, Fernando Ortiz y ahora Félix Grande, víctima de un cáncer de páncreas. Admiro el lenguaje poderoso y vehemente de su poesía, sus metáforas brillantísimas, su perfección formal y su concepción poética como un hecho misterioso y radical que nada tiene que ver con la exquisita suficiencia del poeta funcionario que ha perdido sus asombros.
            Su muerte me ha pillado leyendo Poética y poesía de Félix Grande editado por la Fundación Juan March. En el texto en prosa autobiográfico que encabeza la antología poética leo este fragmento que comparto plenamente: “Lo que importa es saber que las palabras no son definiciones sino revelaciones. Y que la verdadera exactitud de la tensión poética no se resigna a proporcionar evidencia, sino que, ambiciosamente, agranda la densidad y la santidad del misterio”.
            Recuerdo que conocí a Félix Grande en Orihuela el 27 de octubre de 2010. Grande pronunció una conferencia en el Aula de Cultura de la CAM, organizada por la Asociación cultural Orihuela 2010. Posteriormente fui invitado a la cena masiva organizada por la asociación y me situaron con varios profesores de literatura en la mesa que presidía el poeta y su esposa, Paca Aguirre. Félix Grande me pareció un hombre apuesto: alto, erguido, con un rostro atractivo, mezcla de patricio romano y de campesino. En los rasgos de su rostro se reunían la exquisitez del hombre culto y refinado y la tosquedad de su ascendencia rural. Por otra parte, siendo un hombre cordial y accesible, no lograba ocultar cierto divismo; una distinción que le hacía sentirse seguro de sí mismo pero no arrogante. Aparentemente me pareció un hombre sereno, aunque su poesía no lo sea y él haya confesado en más de una ocasión su carácter vehemente y apasionado.
            De su conferencia apenas recuerdo nada resaltable. Estuvo brillante, emotivo e ingenioso y me agradó su voz grave y afinada. Pero su discurso no me aportó nada. Durante la cena éramos varios en la mesa y no tuve oportunidad de hablar demasiado con el poeta, Recuerdo su rechazo y el de Paca a la biografía de Miguel Hernández escrita por Eutimio Martín. Hablamos del carácter indómito de la poesía, “un escozor del alma” dijo él. Hablamos de César vallejo, de Machado, de Miguel Hernández, de Luis Rosales, sus poetas preferidos. Mejor dicho: habló él y los demás callamos. Y solo yo puede dar alguna opinión continuada. Hubo más diálogos y menos monólogos de Félix y Paca cuando avanzó la noche. Compartimos los tres que la poesía es un estado de gracia y no un género literario, eso sí, una revelación llena de luces y sombras, de páramos y huertos, de jardines y cementerios. Yo le entregué mi cuadernito “Las llamas de los suburbios” y él lo hojeó y le dedicó tres o cuatro minutos de su atención. Resaltó unos versos de mi poema “Tempus fugit”. Me prometió que me daría una opinión cuando lo leyera en casa, y aunque nos intercambiamos nuestros correos, él no cumplió su palabra y yo no me atreví a escribirle. Guardo esta foto que nos hicieron y el recuerdo de aquel hombre que hace honor a su apellido.


1371
Cuando la poesía me sobresaltó no encontré alivio.


1378
Parafraseando a San Agustín: Yo sé lo que es la poesía, pero dejo de saberlo cuando alguien me pregunta por ella.


1379
La poesía solo le parece estúpida a los estúpidos.




José Luis Zerón Huguet

 

miércoles, 9 de julio de 2014

RESEÑA SOBRE "SIN LUGAR SEGURO" (en rumano)



El siguiente texto sobre "Sin lugar seguro" pertenece a la poeta y crítica literaria Rodica Grigore, que apareció recientemente en Ziarul de duminica, una importante revista cultural de Bucarest. El texto aparece tal y como se publicó en lengua rumana.


  


José Luis Zerón Huguet

Sin lugar seguro 

Editorial Germanía, Valencia, 2013.   









 
Apărută în toamna anului 2013 şi intitulată Sin lugar seguro (Fără loc sigur), cea mai recentă carte de poeme a lui José Luis Zerón reprezintă o veritabilă confirmare nu doar a vocaţiei sale lirice, ci şi a unui drum pe care autorul spaniol îl alegea cu ani în urmă, încă de la primele volume publicate, Solumbre (1993), Alimentando lluvias (1997), Frondas (1999), pentru acesta din urmă fiind şi recompensat cu Premiul „Nicolas del Hierro”. În plus, însă, la fel ca în placheta de versuri pe care a publicat-o în 2010, Las llamas de los suburbios, José Luis Zerón continuă, aici, edificarea unei adevărate poetici a peisajului. Iar dacă, anterior, autorul avea în vedere mai cu seamă elementul natural şi viza larga deschidere spre un univers ale cărui ritmuri erau puse mereu în acord cu sentimentele umane, în cartea de faţă, el se axează mai ales pe două elemente – de fapt, aceştia sunt şi polii estetici care organizează discursul liric, precum şi structura fiecărui text, dar şi a volumului în ansamblu: anume, oraşul, pe de o parte; iar casa, Cartea este compusă din trei secţiuni, structura aceasta tripartită fiind şi semnul unei simetrii de care poetul are nevoie pentru ca mesajul său să devină şi mai pregnant. Prima parte se intitulează Filiación, cea de-a doua, De noche por mañana, iar ultima (cea mai consistentă şi care e urmată şi de un interesant Epilog), Jardín y tiempo. Încă de la prima lectură, este evident că José Luis Zerón a încercat să exprime, prin intermediul acestei formule, năzuinţa sa de a aduce cumva alături exactitatea domeniului ştiinţelor exacte şi sentimentul bucuriei plenare în faţa celor mai (doar aparent!) neînsemnate manifestări ale existenţei, strategia sa realizând, aşadar, un neaşteptat (dar mereu bine menţinut) echilibru între proporţiile bine determinate ale geometriei şi trăirea dionisiacă. Dar, pentru a atinge acest echilibru, poetul trebuie, mai întâi, să-l caute, iar căutarea e, adesea, tensionată şi plină de pericole ce pândesc fragila fiinţă umană care e sortită, în epoca prezentă, să rătăcească nu (doar...) prin cercurile danteşti ale vreunui Infern, ci (si / mai ales) prin labirintul greu de străbătut al oraşului – din care te poate salva doar retragerea între zidurile casei, unicul „loc sigur”, insulă a certitudinii în imensa mare a nesiguranţelor de toate felurile. Titlul volumului sugerează el însuşi toate acestea, căci eul liric pare a nu avea, cel puţin pentru o vreme, acel „loc sigur”, acel spaţiu protector unde să se refugieze pentru a-şi găsi liniştea de care are atâta nevoie. De aici şi numeroasele puncte de tensiune – asemănătoare unor puncte de fugă dintr-o compoziţie muzicală – care marchează fiecare secţiune a cărţii; si care subliniază, iar şi iarăşi, modul în care fiinţa umană e sortită mereu să se recunoască străină, chiar şi acolo unde ar trebui ar dori să fie ea însăşi.     
 
Soluţia, unica posibilă, este retragerea, cel puţin atunci când se poate, între zidurile casei, univers marcat de acea „teribilă frumuseţe”, după cum spune frumos Zerón, pe urmele lui W. B. Yeats, dar şi de „liniştea unică” despre care vorbeşte un vers al lui Juan de la Cruz. E clar că José Luis Zerón este, şi acum, ca şi în toate celelalte creaţii publicate, un mare cititor de mare poezie, ecouri cumva întretăiate din autorii pe care-i frecventează cu asiduitate putându-se recunoaşte pe tot parcursul acestei cărţi. Căci, de la imaginile biblice pe care unele poeme le au în centru (învierea lui Lazăr, întoarcerea fiului risipitor), autorul trece la invocarea câtorva figuri mitologice (Persefona, Tantal, Tezeu, Minotaurul), nefiind, deci, deloc întâmplător titlul uneia dintre secţiunile cărţii, Filiaţie. Numai că aceste filiaţii nu sunt niciodată gratuite, deoarece autorul are grijă să integreze totul în propriul imaginar şi să dea o nouă consistenţă semnificaţiilor figurilor invocate. Textele din carte primesc, în acest fel, nu doar o consistenţă livrescă, ci şi un ton specific, uneori de litanie, alteori de invocaţie, José Luis Zerón reuşind să aducă, astfel, alături elemente vizuale şi auditive, orchestrate cu subtilitate într-o structură care pe drept cuvânt a fost numită pluristratificată şi plurivocă. 

Una dintre temele majore ale cărţii se dovedeşte a fi – şi nu e o surpriză pentru nimeni, dat fiind contextul enunţat mai sus – timpul şi multiplele sale forme de manifestare, autorul ştiind cum să pună în acord ecourile metatextuale (sunt numeroase trimiteri la lirica lui Trakl, la opera lui Lautréamont sau la imaginaţia lui Blake) cu tentaţia unui autobiografism întotdeauna bine temperat (trebuie să ţinem seama că grădina despre care vorbesc multe poeme a existat, după cum mărturiseşte autorul, fiind cea a casei bunicilor săi, aşa cum a cunoscut-o în anii copilăriei). Numai că aceste elemente autobiografice depăşesc domeniul simplului fapt divers şi se transformă în iluminare poetică, fiind, în primul rând, nu amintire brută, ci revelaţie. Întotdeauna esenţială pentru devenirea fiinţei şi pentru descoperirea drumului către adevărata poezie. Dovadă că, aşa cum scria Quevedo, „doar ceea ce e trecător rămâne şi durează...”                      


 Rodica Grigore