jueves, 4 de diciembre de 2014

SOBRE POESÍA Y POETAS VII



SOBRE POESíA Y POETAS

(entradas del diario A salto de mata enero-junio 2014)


1479



Jesús Zomeño me regaló un ejemplar de Gethsemaní Ky de Ernesto Cardenal, editado por mi amigo en la colección Diarios de Helena. Leído ahora, el librito me parece delicioso y con un tono unitario muy logrado. Gethsemaní Ky se publicó por primera vez en México, en 1960, pero fue escrito en 1957 durante el noviciado de Cardenal en el monasterio Ky de Kentucky.

  



Los poemas renuncian a los aspectos más íntimos de la vida contemplativa y son de una sencillez conmovedora, alejada de la retórica oceánica y el misticismo cósmico característico del poeta-sacerdote. Los fragmentos que componen este libro son muy sensitivos, pero lo que más me ha llamado la atención es la capacidad de Cardenal para registrar los sonidos que se suceden en el exterior del monasterio. El entorno en el que Cardenal realizó su noviciado tiene una acústica particular en la que contratan los decibelios sintéticos y el sonido de la naturaleza. Un ejemplo: “Tú nos envuelves como la niebla/ de esta mañana de invierno./ Yo te oigo en el grito del grajo,/los gruñidos de los cerdos comiendo/ y el claxon de un auto en la carretera”.

          

En un lugar saturado de silencio, cualquier sonido tenía que ser, por muy natural que fuera, un verdadero acontecimiento, y más para un joven sensible -con una sensibilidad más materialista que metafísica, más activa que contemplativa- que acaba de emparedarse para acceder a Dios  Cardenal disfruta del gozo de cada instante, de lo absoluto en cada instante. Para el autor “todo existe en Dios”, Más que panteísta sería panenteísta, pues defiende la inmanencia/trascendencia de lo divino.




martes, 2 de diciembre de 2014

SOBRE POESÍA Y POETAS VI




SOBRE POESíA Y POETAS

(entradas del diario A salto de mata enero-junio 2014)



1470
Esta noche (12 de julio) luce en el cielo un fenómeno que los astrónomos llaman superluna. Me asomo al balcón y veo el foco lunar de un hermoso color amarillento elevándose por el este. Dicen que es un 15% más grande y, desde luego, el plenilunio es impresionante. He escuchado en la televisión que este fenómeno sucede cuando se reduce la distancia que separa la Tierra de su satélite natural.
            Sea como sea, la luna luce esplendorosa y yo la miro embobado como un niño, pero no creo que nadie repare en esta maravilla y menos aún los jóvenes escandalosos que toman las calles del barrio
            Observo a la luna y su apariencia es seductora para la percepción visual. Me cuesta creer que la forma espacial bella y luminosa que vislumbro es en realidad un astro frío, desolado, inhóspito. Mi retina vive un trampantojo, lo que veo no es lo que es, sino lo que parece, a saber: una poética de lo fantástico creada cuando la Tierra, la luna y el sol adquieren la misma geometría equidistante.


1472
Releo la antología Arte poética de Guillevic editada por Fuentetaja. El poeta bretón era matemático y por ello cabría esperar una poesía conceptual y compleja en la forma, pero nada de eso: su lenguaje, salvo algún recurso como el símil, la anáfora y la interrogación –muy utilizada- es de una sencillez franciscana, ajeno a retóricas formales o discursivas. Una poesía –como la de Bonnefoy, también matemático- apegada a lo matérico que indaga en todo lo concreto y presencial y que nunca trata alcanzar lo impenetrable o insondable ni pretende grandes revelaciones; si acaso solo capta aquellos vislumbres cotidianos que hemos dejado de percibir por el rutinario contacto con las cosas; y esos detalles concretos que nos reconcilian con el mundo, esos instantes fugaces contienen chispazos del enigma que es la vida y su continuo fluir.
Leer los poemas de Guillevic es como beber a pequeños sorbos el agua pura y fresca de un manantial sereno sin llegar a saciarnos.

martes, 4 de noviembre de 2014

SOBRE POESÍA Y POETAS V


SOBRE POESíA Y POETAS
(entradas del diario A salto de mata enero-junio 2014)